La situación en Libia se ha vuelto insostenible. Mientras Gadaffi se aferra al poder en Trípoli, la única ciudad que queda en manos de sus seguidores, los opositores al régimen avanzan en su lucha para derrocar al dictador. En este sentido, el gobierno de los Estados Unidos ha lanzado un mensaje de apoyo al pueblo libio y la previsión de duras sanciones al régimen de Gadaffi si continúa con las atrocidades llevadas a cabo contra la población.

No es el único aviso que ha recibido el dictador en los últimos días. La Corte Penal Internacional, a través de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, ha anunciado que abrirá una investigación para determinar las presuntas violaciones contra los derechos humanos ocurridas en el país norteafricano desde que se iniciara la revuelta a finales del pasado mes de enero.

Mucho se ha especulado con la posible intervención militar en la zona de la OTAN, pero lo cierto es que hasta la fecha lo único que se han producido han sido varias reuniones, entre ellas con los Ministros de defensa de la UE, para ver cual sería la mejor solución al problema libio. El máximo responsable de la Alianza Atlántica, Anders Fogh Rasmussen, ha declarado que la prioridad en estos momentos es la evacuación y la asistencia humanitaria a la población libia y que de momento no se hay planes para una intervención en el país árabe.

No hay que olvidar que la verdadera tragedia la está viviendo la población. La ACNUR, en palabras del Alto Comisionado de la ONU para los Refugiados, Antonio Guterres, ha manifestado su preocupación ante una crisis humanitaria inminente en la frontera libio-tunecina en la que se agolpan más de 140.000 personas tratando de huir del país libio.