El mundo árabe está viviendo una auténtica ola de cambio sin precedentes. Tras Túnez, Egipto y Libia, ahora son otros países de la zona los que viven en sus calles una auténtica marea de protestas por parte de la población, que quiere ver cómo cambia la situación política en su país.
El último de estos países ha sido Siria. El presidente de este país, Bachar el Asad, se dirigirá mañana al Parlamento para anunciar reformas, entre las que destacan el levantamiento del estado de excepción vigente desde 1963 y un cambio del gabinete de Gobierno, que hoy ha dimitido. Será el primer mensaje del gobernante desde que estallaron las protestas políticas en varias ciudades del país, que han causado decenas de muertos y centenares de heridos.
Pese al anuncio, las protestas no se detienen. La revuelta, que comenzó en demanda de mayor libertad y democracia, ha evolucionado en una dura represión, especialmente en la ciudad de Deraa, en el sur, epicentro del conflicto, lo que ha provocado que algunos pidan sin tapujos el fin del régimen de Asad.
Pese a todo, el régimen sirio ha querido escenificar el apoyo con que cuenta. Cientos de miles de sirios han salido a la calle en las principales ciudades del país. La televisión, que no ha informado de las protestas democráticas, ha ofrecido hoy imágenes de manifestaciones pro-gubernamentales en Damasco, la capital, Alepo y Hasaka, con gente portando banderas sirias, mostrando fotos de Asad y gritando "Dios, Siria, Asad"

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